viernes, 19 de octubre de 2018

¿Qué hemos aprendido del caso del ex-cardenal McCarrick?

El arzobispo y ex-cardenal Theodore McCarrick ha comenzado una vida de oración y penitencia en un monasterio en Kansas, para muchos una acción poco clara por parte del Vaticano en su política de tolerancia cero sobre los casos de abuso sexual y el pedido del Papa Francisco de la revisión de todos los documentos relacionados con este ex-purpurado. En cualquier otra circunstancia, un clérigo que comience algo parecido a una sentencia de vida eclesiástica se desvanecería rápidamente de la conciencia pública pero muy por el contrario este no es el caso por las reiteradas acusaciones de Monseñor Carlo María Viganó. Pero aunque el ex-cardenal McCarrick está ahora apartado de la vida pública, sigue estando muy presente, tanto en los Estados Unidos como en Roma y un dolor de cabeza para el Papa Francisco.

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Ex-cardenal McCarrick dolor de cabeza del Papa Francisco

A pesar de todas acciones aún hay preguntas, como la del ascenso y caída del ex-cardenal McCarrick en la Iglesia. Inusual para Roma, estas preguntas se hacen y se responden en público por los conocedores de este problema pero muy pocas respuestas claras por parte del Vaticano. El seguimiento de los hechos sobre el caso McCarrick y su impacto en otros líderes de la Iglesia se ha convertido en una tarea habitual de los periodistas católicos. Lo que sigue es una actualización para conocer cómo están las cosas. El fin de semana pasado, el cardenal Marc Ouellet, prefecto de la Congregación para los Obispos del Vaticano, publicó una carta. Se dice que en su oficina están depositados los archivos que detallan quién sabe qué y cuándo sobre McCarrick. La inesperada intervención del cardenal Ouellet fue una respuesta a la carta abierta más reciente del ex-nuncio apostólico, el arzobispo Carlo María Viganó, quien ha puesto (para bien o para mal) gran parte de la presión en curso sobre la jerarquía, para aclarar el manejo del caso McCarrick.

Luego de mucho tiempo al anuncio de una acusación creíble contra McCarrick en junio de este año y su posterior expulsión del colegio cardenalicio, las preguntas sobre el arzobispo eran urgentes pero prácticamente retóricas; no estaba claro quién sería el responsable de responderlas (cómo podría este sacerdote con tantas denuncias a lo largo de su carrera haber llegado hasta la dignidad de cardenal, es una de las preguntas más frecuentes). Eso cambió con la publicación por parte de monseñor Viganó, el 25 de agosto, de un “testimonio” que afirmaba que las autoridades de la Santa Sede conocían la conducta de McCarrick desde hacía años, durante este pontificado y los dos que le precedieron.

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Para muchos monseñor Viganó representa a la derecha conservadora de la Iglesia

Como parte de ese “testimonio”, monseñor Viganó solicitó al Papa Francisco que renunciara, y esa llamada ha adornado casi todo compromiso con la sustancia de su narrativa. Ha demostrado ser un arma de doble filo, tanto para él como para aquellos que se ocupan exclusivamente de investigar las formas en que McCarrick pudo escapar de la detención y el castigo durante tanto tiempo. Por un lado, al poner al menos una parte de la responsabilidad de McCarrick a los pies del Papa Francisco, monseñor Viganó se ha asegurado de que el interés público y el escrutinio del caso hayan perdurado, incluso después de que McCarrick fuera obligado a una vida de oración y penitencia en un monasterio franciscano. Por otro lado, al atacar al Papa Francisco tan abierta y directamente, monseñor Viganó ha ido más allá de lo debido, según opinan muchas figuras de la jerarquía y casi todos en la curia, que han salido al frente en una férrea defensa al Papa Francisco no sabemos si es por descargar responsabilidades o por que creer en el romano pontífice. Como resultado, Roma ha considerado sus afirmaciones principalmente como un desafío a la autoridad papal, y sólo de manera secundaria como una revelación sobre el escándalo McCarrick, tal vez para no afrontar el verdadero problema de fondo.

Fue en este sentido que el cardenal canadiense Ouellet respondió a la última carta de Viganó. Sin embargo, la carta del cardenal del 7 de octubre a Viganó realmente aclara qué sabía la Iglesia sobre McCarrick y cómo respondió. También parece justificar, al menos parcialmente, algunas de las afirmaciones de monseñor Viganó. Los aspectos más incendiarios de las acusaciones de monseñor Viganó se refieren a lo que, según él, sucedió después de que McCarrick se retirara como arzobispo de Washington en 2006. En su carta del 25 de agosto, monseñor Viganó dijo que el Papa Benedicto XVI impuso en 2009 o 2010 “sanciones” canónicas a McCarrick. Como parte de estas supuestas “sanciones”, McCarrick recibió las siguientes instrucciones: “tenía que irse del seminario en el que vivía, se le prohibía celebrar en público, participar en reuniones públicas, dar conferencias, viajar, con la obligación de dedicarse a una vida de oración y penitencia”.

El alcance y la formalidad con que se impusieron estas “sanciones” se han convertido en una línea de investigación crucial: primero, porque la imposición de sanciones formales indicaría la gravedad de lo que el Vaticano sabía sobre McCarrick en ese momento; y segundo, porque en la medida en que se aplicaron -o no- podría indicar, en todo caso, una tolerancia implícita al comportamiento de McCarrick, o incluso su rehabilitación (que en estos casos es nula). La posibilidad de que McCarrick fuera censurado y luego restaurado a una posición de influencia por el Papa Francisco es la acusación central y más dramática hecha por monseñor Viganò. El arzobispo ha insistido en que el Papa Francisco asuma la responsabilidad inmediata y personal por haber encubierto o encumbrado a McCarrick, a pesar del conocimiento de su comportamiento depredador en el pasado.

A simple vista, pareció que el cardenal Ouellet rebatía a monseñor Viganó diciendo que no se habían impuesto “sanciones” a McCarrick. Escribió que es “falso” presentar las medidas tomadas contra McCarrick como “’sanciones’ formalmente impuestas por el Papa Benedicto XVI y luego invalidadas por el Papa Francisco”. Ouellet dijo que al buscar en los archivos de la Congregación para los Obispos no encontró “documentos firmados por ambos papas en este sentido”. El cardenal se centró en negar que el Papa Benedicto XVI impusiera formalmente las sanciones (que son penas canónicas) y que el Papa Francisco levantara dichas sanciones. Pero al hacerlo, confirmó que se hizo algo con respecto a McCarrick, y mucho antes de lo que había confirmado previamente el Vaticano.

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la duda persiste, el Papa Francisco conocía la situación de McCarrick

En su carta a monseñor Viganó, el cardenal Ouellet escribió que “las instrucciones escritas que le dio a usted la Congregación para los Obispos al comienzo de su misión (en Washington) en 2011 no decían nada sobre McCarrick, excepto por lo que le mencioné verbalmente sobre su situación como obispo emérito y ciertas condiciones y restricciones que tenía que seguir a causa de algunos rumores sobre su conducta pasada”. Con esta frase el cardenal Ouellet confirmó que Roma había impuesto algunas “condiciones y restricciones” a McCarrick, que la Congregación para los Obispos le había comunicado verbalmente y por escrito todo esto a Viganó antes de su llegada a Washington D.C., y que estas estaban vinculadas a alegaciones (llamadas “rumores") sobre su conducta pasada. No son detalles menores. La carta de Ouellet, oficialmente publicada por el Vaticano, esencialmente confirmó tres “cosas” muy importantes: que durante el retiro de McCarrick, Roma sabía “algo” sobre las acusaciones en su contra, que hizo “algo” al respecto y que le dijo “algo” a Viganò para prepararlo antes de su llegada a Washington.  Ouellet también escribió que las “condiciones y restricciones” le fueron comunicadas a McCarrick a través de “cartas de mi predecesor y mis propias cartas … primero a través del Nuncio Apostólico Pietro Sambi y luego a través de (Viganó)”.

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Cardenal Ouellet, defensor del Papa Francisco en las denuncias de Mons. Viganó

En ese sentido, el relato de segunda mano de monseñor Viganó de una reunión tormentosa entre McCarrick y Sambi, durante la cual se comunicaron los términos de las “condiciones y restricciones” de McCarrick parece ganar credibilidad. La CNA (agencia de noticias católicas, versión en español ACIPRENSA) informó en agosto que McCarrick recibió una orden de salida del seminario en el que vivía en 2008, dada por Sambi, pero que McCarrick tardó en irse. Por otro lado, parece cada vez menos creíble que las medidas contra McCarrick fueran “sanciones canónicas”. El cardenal Ouellet escribió que el Papa Benedicto XVI no podría, probablemente, haber impuesto sanciones formales y “la razón es que en ese entonces, a diferencia de hoy, no había pruebas suficientes de su presunta culpabilidad “.

Aún así, la carta del cardenal Ouellet dejó claro que se obligó a McCarrick a llevar una vida de oración y penitencia. Si bien dijo que esto no habría sido una sanción canónica, bien podría haber sido un precepto (una obligación canónicamente vinculante para hacer o no hacer algo específico. Podría haber sido incluso un tipo de exhortación menos formal. La forma de las instrucciones dadas a McCarrick aún no está clara, y la carta de Ouellet no lo aclara). Sin embargo, el juicio del cardenal Ouellet da alguna indicación sobre lo que los funcionarios del Vaticano podrían haber creído como cierto sobre el arzobispo, aun cuando carecían de pruebas probatorias.

El cardenal Ouellet ha escrito que a McCarrick se le instó a “llevar una vida de oración y penitencia, por su propio bien y por el bien de la Iglesia” y expulsado por el Papa Francisco del colegio cardenalicio. Uno no insta a la penitencia a alguien que no cree culpable de algo. De manera similar, señalar que la salida de McCarrick de la vida pública fue “por el bien de la Iglesia” indica que había una preocupación sobre su comportamiento, que podría provocar, como eventualmente hizo, un escándalo grave. Si bien la disputa pública sobre si las “condiciones y restricciones” de McCarrick se impusieron de manera informal o por medio de un precepto puede ser una nimia objeción legal, la diferencia es importante: la forma en que el Papa Benedicto XVI manejó el caso McCarrick ayuda a explicar la supuesta gestión de Francisco del caso.

En pocas palabras, monseñor Viganó afirma que el Papa Francisco devolvió a la prominencia a un hombre sometido a penas graves y formales. La explicación del cardenal Ouellet lo rebate. Claramente, McCarrick fue objeto de restricciones durante su retiro y tanto Viganó como el cardenal Ouellet lo sabían. Pero como la forma de esas restricciones no está clara, todavía es imposible saber qué sabía realmente el Papa Francisco sobre McCarrick y cómo respondió a dicha información. Además, el cardenal Ouellet ha sugerido que McCarrick no se convirtió, tal como afirma monseñor Viganó en su testimonio, en el asesor cercano al Papa Francisco; y ha señalado que Francisco, Benedicto XVI y Juan Pablo II tomaron decisiones sobre McCarrick con la información que tenían disponible en esos momentos. Ninguna de esas decisiones, señaló, son infalibles.

Si McCarrick se convirtió realmente en un asesor cercano al Papa Francisco es una pregunta que, tal vez, sólo uno de ellos pueda responder. La carta del cardenal Ouellet podría plantear nuevas preguntas para el cardenal Donald Wuerl. La confirmación de que las “condiciones y restricciones” fueron comunicadas a McCarrick por dos nuncios apostólicos cuestionan la verosimilitud de la afirmación de Wuerl de haber quedado totalmente fuera del circuito, sobre todo porque es una práctica habitual de la Santa Sede informar al obispo local acerca de las preocupaciones o medidas tomadas contra un clérigo que vive en su diócesis, especialmente en los casos en que existe el riesgo de escándalo público.

Cuando publicó su “testimonio” el 25 de agosto, monseñor Viganó dijo que estaba hablando porque quería aclarar su conciencia y ayudar a esclarecer cómo un hombre como McCarrick había ascendido a una posición tan alta en la Iglesia. Debido a que enfocó sus críticas en el Papa Francisco y pidió su renuncia, muchos sugieren que Viganó se ha convertido en la mayor distracción en el asunto McCarrick. Sus intervenciones posteriores y las respuestas del Vaticano parecen estar generando más calor que luz, pero de hecho se está arrojando algo de luz sobre todo este asunto.

Queda por ver cuánto se sabrá realmente sobre el caso McCarrick. Pero si la carta del cardenal Ouellet y los detalles que confirma son una señal de lo que está por venir, aún puede haber más revelaciones significativas. Por ahora, cualquiera que sea el conflicto público de monseñor Viganó con el Papa Francisco, parece ser el único motor que impulsa la transparencia en el Vaticano.

“¿Cómo puede usted celebrar la misa”, la pregunta, enfadado, el cardenal Ouellet al arzobispo Viganó, “y mencionar el nombre del Papa en la oración eucarística?”.Excelente pregunta, que nos obliga a preguntarnos si alguna vez, cuando rezamos por nuestros pastores, estábamos rindiendo homenaje a su rectitud y decencia. Pensemos en los fieles cuyos sacerdotes en los últimos, digamos, treinta años, les han invitado a rezar por nuestro Papa Juan Pablo II o nuestro Papa Benedicto…


- “… y por nuestro obispo Rembert”, que utilizó 450.000 dólares de las contribuciones de su grey para comprar el silencio de su pareja homosexual.

- “… y por nuestro obispo Lawrence”, que estranguló a un prostituto mientras le hacía una felación.

- “… y por nuestro obispo Thomas”, que atropelló a un transeúnte con su coche, un Buick, y huyó dejándolo moribundo.

- “… y por nuestro obispo Patrick”, que le dio un celular moderno a su amorcito (su joven amante homosexual pasivo) para poder llamarle cuando quería tener sexo con él.

- “… y por nuestro obispo Theodore”, que se acostó con sacerdotes y seminaristas y toqueteaba a los niños.

- “… y por nuestro obispo Robert”, que le dio treinta millones de dólares en contratos de construcción no licitados a un atleta de triatlón, su “amigo especial”, y que pagó otros cien mil dólares a un insatisfecho compañero de habitación.

- “… y por nuestro obispo Donald”, que apareció en un hospital molido a golpes y que declaró haberse caído por la escaleras.

- “… y por nuestro obispo Daniel”, que se peleó a gritos con un joven prostituto en la entrada de su casa.

- “… y por nuestro obispo Joseph”, que tuiteó “buenas noches, cariño”, a un amiguito y luego declaró que el tuit era para su hermana.

- “… y por nuestro obispo Lino”, que le gusta la plata, los lujos y las propiedades, que tolera a sacerdotes confesos homosexuales, con hijos y con amantes.

- “… y por nuestro obispo Salvador”, que defiende a un sacerdote abusador de menores, su auxiliar también fue acusado y él no sabe nada.

- “… y por nuestro obispo José”, que amenaza de muerte a los sacerdotes que no están de acuerdo con él, que le gusta el dinero y es amigo de la mafia .

Ahora que usted lo menciona, Eminencia, “por nuestro Papa Francisco”, encaja en la lista casi perfectamente.

Monseñor Viganó responde al Cardenal Ouellet: “Usted admite mis afirmaciones principales”

El arzobispo y ex-nuncio apostólico en los Estados Unidos, Monseñor Carlo María Viganó ha vuelto a escribir una carta, esta vez respondiendo a la carta publicada por el cardenal Ouellet, prefecto de la Congregación de los Obispos. El ex-nuncio en EEUU había escrito otra misiva en la que, después de reafirmarse en todo lo que dijo en su célebre testimonio, hacía una apelación directa al cardenal canadiense Marc Ouellet para que contara lo que sabía sobre el asunto del ex-cardenal McCarrick.

Una nueva carta de Monseñor Viganó

El cardenal canadiense, Monseñor Oullet, le contestó duramente el pasado 7 de octubre, censurando su testimonio y actuación en este sentido y haciendo una defensa férrea del Papa argentino, al que llamó “pastor insigne, un padre compasivo y firme, un carisma profético para la Iglesia y el mundo”.

Hoy, el vaticanista Marco Tosatti, en su blog Stilum Curiae, publica la respuesta de Monseñor Viganó a la carta del cardenal canadiense. En su carta Viganó manifiesta lo siguiente: "Testimoniar la corrupción en la jerarquía de la Iglesia católica ha sido para mí una decisión dolorosa, y siguen siéndolo. Pero soy un anciano. Un anciano que sabe que pronto tendrá que rendir cuenta al Juez de las propias acciones y omisiones, que teme a Aquel que puede arrojar su cuerpo y su alma en el infierno. Juez que, a pesar de su infinita misericordia, “dará a cada uno según sus méritos el premio o la condena eterna” (Acto de fe). Anticipando la terrible pregunta de ese Juez: ¿Cómo has podido, tú que sabías la verdad, permanecer en silencio en medio de tanta falsedad y depravación?, ¿qué respuesta podría dar?".

Prosigue Monseñor Viganó con su carta, diciendo: "A pesar de haber informado en diversas ocasiones a mis superiores, incluso al Papa, de las acciones aberrantes de McCarrick, habría podido denunciar antes públicamente la verdad de la que yo estaba al corriente. Me arrepiento de verdad si tengo alguna responsabilidad por el retraso, que ha sido debido a la gravedad de la decisión que tenía que tomar y el gran sufrimiento de mi conciencia.... Permítanme que les recuerde de nuevo los puntos principales de mi testimonio:
- En noviembre del 2000, el nuncio en los Estados Unidos, el arzobispo Montalvo, informó a la Santa Sede del comportamiento homosexual del cardenal McCarrick con seminaristas y sacerdotes.
- En diciembre del 2006, el nuevo nuncio, el arzobispo Pietro Sambi, informó a la Santa Sede del comportamiento homosexual del cardenal McCarrick con otro sacerdote.
- En diciembre de 2006, yo escribí una Nota al cardenal secretario de Estado Tarcisio Bertone, que entregué personalmente al sustituto para Asuntos Generales, el arzobispo Leonardo Sandri, en la que le pedía al Papa que tomara medidas disciplinarias extraordinarias contra McCarrick para prevenir futuros delitos y escándalos. Esta Nota nunca tuvo respuesta.
- En abril de 2008, una carta abierta al Papa Benedicto por parte de Richard Sipe fue transmitida por el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el cardenal Levada, al secretario de Estado, el cardenal Bertone, que contenía más acusaciones contra McCarrick por acostarse con seminaristas y sacerdotes. Esta carta me fue entregada un mes más tarde y, en mayo de 2008, yo personalmente presenté una segunda Nota al entonces sustituto para Asuntos Generales, el arzobispo Fernando Filoni, informando de las acusaciones contra McCarrick y pidiendo sanciones contra él. Tampoco esta segunda Nota tuvo respuesta.
- En 2009 o en 2010, el cardenal Re, prefecto de la Congregación para los Obispos, me informó que el Papa Benedicto había ordenado a McCarrick que cesara su ministerio público y que empezara una vida de oración y penitencia. El nuncio Sambi le comunicó a McCarrick las órdenes del Papa, y al hacerlo elevó tanto el tono de voz que le oyeron en los pasillos de la nunciatura.
- En noviembre de 2011, el cardenal Ouellet, nuevo prefecto de la Congregación para los Obispos, me confirmó, como nuevo nuncio en los Estados Unidos, las restricciones impuestas por el Papa a McCarrick, y fui yo quien se las comuniqué personalmente, cara a cara, a McCarrick.
- El 21 de junio de 2013, hacia el final de un encuentro oficial con los nuncios en el Vaticano, el Papa Francisco me dirigió una palabras de reproche y de difícil interpretación sobre el episcopado americano.
- El 23 de junio, el Papa Francisco me recibió en una audiencia privada en su apartamento para algunas aclaraciones, y me preguntó: “¿Cómo es el cardenal McCarrick?”, palabras que sólo puedo interpretar como una falsa curiosidad para descubrir si yo era aliado o no de McCarrick. Le dije que McCarrick había corrompido a generaciones de seminaristas y sacerdotes, y que el Papa Benedicto le había impuesto retirarse a una vida de oración y penitencia.
- McCarrick, en cambio, continuó disfrutando de una especial consideración por parte del Papa Francisco, quien le confió nuevas e importantes responsabilidades y misiones.
- McCarrick formaba parte de una red de obispos favorables a la homosexualidad que, gozando del favor del Papa Francisco, han impulsado nombramientos episcopales para protegerse de la justicia y reforzar la homosexualidad en la jerarquía y en la Iglesia en general.
- El mismo Papa Francisco parece, o ser cómplice con el difundirse de dicha corrupción o, consciente de lo que hace, es gravemente responsable porque no se opone a ella y no intenta erradicarla".

Duras palabras de Monseñor Viganó en respuesta al Cardenal Ouellet

Y prosigue con su manifiesto: "El cardenal Ouellet ha escrito reprochándome mi temeridad por haber roto el silencio y haber lanzado graves acusaciones contra mis hermanos y superiores, pero su reproche, en realidad, me confirma en mi decisión y, además, confirma mis afirmaciones, una a una y en conjunto. El cardenal Ouellet admite que me habló de la situación de McCarrick antes de que yo viajara a Washington para tomar posesión de mi cargo como nuncio. El cardenal Ouellet admite que me comunicó por escrito las condiciones y restricciones impuestas a McCarrick por el Papa Benedicto. El cardenal Ouellet admite que dichas restricciones prohibían a McCarrick viajar y aparecer en público. El cardenal Ouellet admite que la Congregación para los Obispos le ordenó a McCarrick por escrito, primero por medio del nuncio Sambi y, después, a través de mí, llevar una vida de oración y penitencia".

¿Qué es lo que cuestiona el cardenal Ouellet?
El cardenal Ouellet cuestiona la posibilidad de que el Papa Francisco haya podido acordarse de informaciones importantes sobre McCarrick en un día en el que había recibido a decenas de nuncios, y en el que había dado a cada uno de ellos sólo pocos instantes de conversación. Pero no es lo que yo he testimoniado. Yo he testimoniado que en un segundo encuentro, privado, informé al Papa, respondiendo a una pregunta que él me planteó sobre Theodore McCarrick, entonces cardenal arzobispo emérito de Washington, figura preminente de la Iglesia de los Estados Unidos, de que el cardenal McCarrick había corrompido sexualmente a sus propios seminaristas y sacerdotes. Ningún Papa puede olvidarse de esto. El cardenal Ouellet cuestiona la existencia en sus archivos de cartas firmadas por Benedicto XVI o por el Papa Francisco relacionadas con las sanciones impuestas a McCarrick. Pero no es lo que yo he testimoniado. Yo he testimoniado que en sus archivos tenía documentos clave (independientemente de su procedencia), que incriminan a McCarrick y que tienen relación con las medidas tomadas respecto a su persona, y otras pruebas del encubrimiento de su situación. Y confirmo ahora lo que testimonié en su momento.

El cardenal Ouellet cuestiona la existencia en los archivos de su predecesor, el cardenal Re, de “notas de audiencias” que imponían a McCarrick las restricciones citadas anteriormente. Pero no es lo que yo he testimoniado. Yo he testimoniado que hay otros documentos: por ejemplo, una nota del cardenal non ex-Audientia SS.mi, o también firmada por el secretario de Estado o el sustituto.
El cardenal Ouellet cuestiona que es falso presentar las medidas tomadas contra McCarrick como “sanciones” decretadas por el Papa Benedicto y anuladas por el Papa Francisco. Cierto. Técnicamente no eran “sanciones”, sino medidas, “condiciones y restricciones”. Pero discutir si eran sanciones o medidas o cualquier otra cosa no es más que puro legalismo. Bajo el perfil pastoral, son la misma cosa. En resumen, el cardenal Ouellet admite las afirmaciones importantes que he hecho y hago, y cuestiona las afirmaciones que no hago y nunca he hecho.

Hay un punto en el que debo desmentir totalmente lo que escribe el cardenal Ouellet. El cardenal afirma que la Santa Sede tenía conocimiento sólo de simples “voces”, que no eran suficientes para poder tomar medidas disciplinarias contra McCarrick. Yo afirmo, en cambio, que la Santa Sede tenía conocimiento de una multiplicidad de hechos concretos y que estaba en posesión de documentos probatorios y que, a pesar de ello, las personas responsables prefirieron no intervenir, o se les impidió hacerlo. Las indemnizaciones a las víctimas de los abusos sexuales de McCarrick en la archidiócesis de Newark y en la diócesis de Metuchen; las cartas del P. Ramsey, de los nuncios Montalvo en 2000 y Sambi en 2006, del Dr. Sipe en 2008, mis dos Notas sobre el tema a mis superiores de la secretaría de Estado que describían con detalle las acusaciones concretas contra McCarrick, ¿son sólo voces? Son correspondencia oficial, no cotilleos de sacristía. Los delitos denunciados eran gravísimos, e incluían también los delitos de absolución de sus cómplices en actos obscenos, con la sucesiva celebración sacrílega de la misa. Estos documentos detallan la identidad de los perpetradores, la de sus protectores y la secuencia cronológica de los hechos. Están custodiados en los archivos correspondientes, no es necesario hacer ulteriores investigaciones para obtenerlos.

En las acusaciones que se han vertido públicamente contra mí he observado dos omisiones, dos silencios dramáticos. El primero está relacionado con las víctimas. El segundo con la causa principal de que haya tantas víctimas, es decir, sobre el papel de la homosexualidad en la corrupción del sacerdocio y la jerarquía. En lo que respecta al primer silencio, es sobrecogedor que, en medio de tantos escándalos e indignación, se tenga tan poca consideración por quienes han sido víctimas de depredadores sexuales que habían sido ordenados ministros del Evangelio. No se trata de ajustar las cuentas o de una cuestión de carreras eclesiásticas. No es una cuestión de política. No es una cuestión de cómo los historiadores de la Iglesia puedan valorar este o ese papado. ¡Estamos hablando de almas! La salvación eterna de muchas almas ha sido puesta en peligro; y siguen estando en peligro.

En lo que respecta al segundo silencio, esta gravísima crisis no puede ser abordada correctamente y resuelta mientras no llamemos a las cosas por su nombre. Esta crisis está causada por la plaga de la homosexualidad en quienes la practican, en sus mociones, en su resistencia a que sea corregida. No es una exageración decir que la homosexualidad se ha convertido en una plaga en el clero y que sólo puede ser erradicada con armas espirituales. Es una hipocresía enorme reprobar el abuso, decir que se llora por las víctimas y, sin embargo, negarse a denunciar la causa principal de tantos abusos sexuales: la homosexualidad. Es una hipocresía negarse a admitir que esta plaga es debida a una grave crisis en la vida espiritual del clero y no buscar los medios para resolverla.

Existen, sin duda, en el clero violaciones sexuales también con mujeres, y también estas causan un daño grave a las almas de quienes las realizan, a la Iglesia y a las almas de quienes son corrompidas. Pero estas infidelidades al celibato sacerdotal están habitualmente limitadas a las personas directamente implicadas; no tienden, de por sí, a difundir comportamientos similares, a encubrir delitos similares; en cambio, las pruebas de que la homosexualidad es endémica, que se difunde por contagio y que tiene raíces profundas, difíciles de eliminar, son aplastantes. Se ha demostrado que los depredadores homosexuales abusan de su privilegio clerical en su provecho. Pero reivindicar la crisis misma como clericalismo es un puro sofisma. Es fingir que un medio, un instrumento, es en realidad la causa principal.

La denuncia de la corrupción homosexual, y de la vileza moral que permite que crezca, no encuentra apoyos ni solidaridad en nuestros días, ni siquiera, por desgracia, en las más altas esferas de la Iglesia. No me sorprende que al llamar la atención sobre estas plagas, yo haya sido acusado de deslealtad hacia el Santo Padre y de fomentar una rebelión abierta y escandalosa. Pero la rebelión implicaría empujar a los demás a derrocar el papado. Yo no estoy exhortando a nada de esto. Rezo cada día por el Papa Francisco más de lo que he hecho por otros papas. Pido, es más, imploro ardientemente que el Santo Padre haga frente a los compromisos que ha asumido. Al aceptar ser sucesor de Pedro, ha tomado sobre sí la misión de confirmar a sus hermanos y la responsabilidad de guiar a todas las almas en el seguimiento de Cristo, en el combate espiritual, por el camino de la cruz. Que admita sus errores, que se arrepienta, que demuestre que quiere seguir el mandato dado a Pedro y, una vez que se haya arrepentido, que confirme a sus hermanos (Lucas 22, 32)".

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Monseñor Viganó y Marco Tosatti

Las palabras de Monseñor Viganó siguen teniendo la fuerza necesaria para creer en sus palabras y la pocas acciones de la Santa Sede de aclarar estas denuncias hacen presumir que estas denuncias tienen validez. Hasta cuando hay que esperar para que el Papa Francisco se pronuncie de manera clara sobre este tema y no lo hagan sus emisarios???

lunes, 15 de octubre de 2018

El encubrimiento de la Iglesia en España (caso de abusos)

A lo largo de muchos años la Iglesia española ha sido sindicada por no tener una actitud clara frente los múltiples acusaciones de abuso sexual que han cometido los sacerdotes (una actitud que se repite también en otros países), el ocultamiento es la respuesta que la Iglesia española ha dado a este gravísimo problema. En treinta años, 33 sacerdotes han sido condenados en España por haber abusado de 80 menores.

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Este es el único dato cierto que tenemos sobre un problema que ha afectado a la Iglesia católica en todo el mundo, y si lo tenemos es porque las víctimas han acudido a los tribunales, en muchos casos tras observar que no obtenían una respuesta satisfactoria en la propia Iglesia (muchas de las cuales han sido silenciadas por la propia Iglesia). El ocultamiento es la respuesta que la Iglesia española ha dado a este gravísimo problema y aún ahora se escuda en el silencio para no afrontar la demanda legítima de información. No es imaginable que España haya quedado al margen de un comportamiento que, aunque minoritario, se ha visto que era mucho más grave y extendido en el mundo de lo que se quiso reconocer. A pesar de los constantes llamamientos a la tolerancia cero del Papa Francisco y de las recomendaciones hechas en 2010 a los obispados para que adoptaran medidas preventivas, sólo dos diócesis españolas han comunicado desde ese año a la fiscalía casos de abusos. Y solo 3 de las 70 consultadas disponen de un protocolo que incluye la denuncia a los tribunales.

La jerarquía defiende a las víctimas o los curas agresores

No sabemos cuántos de los 500 casos que cada año se reportan ante la Congregación para la Doctrina de la Fe corresponden a España y tampoco cuántos expedientes internos se han abierto ni cuántos sacerdotes han sido apartados. Silenciar y ocultar los abusos sexuales a menores supone encubrir un delito que deja gravísimas secuelas en las víctimas. Esta actitud crea un clima de impunidad propicio a que los abusos se perpetúen, pues quienes los cometen pueden sentirse amparados por una jerarquía más preocupada por proteger la institución que por evitar el daño. El problema no es solo de incumplimiento de la ley que desde 2015 obliga a denunciar los casos de abusos de los que se tenga conocimiento. El problema es que las directrices del Papa Francisco son lo suficientemente ambiguas como para que en la práctica sea cada diócesis la que decida si actúa solo a escala interna o traslada la acusación a la justicia civil. La abismal diferencia en el castigo previsto actúa como un incentivo para que el asunto sea tratado a escala interna. Mientras el Código Penal castiga con años de cárcel los abusos continuados, el código canónico sólo impone el apartamiento temporal del abusador y, en casos muy graves, la expulsión del ministerio.

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Tolerancia cero o encubrimiento al 100%

Si realmente quiere acabar con la pederastia en la Iglesia, el Papa Francisco debe equiparar el castigo eclesiástico al de la justicia civil e imponer la obligación de denunciar ante fiscalía en todos los casos. Su actuación en Chile, forzando la dimisión de los obispos por encubrimiento, indica que ha comprendido la dimensión del desafío. En la cumbre de conferencias episcopales convocada en febrero veremos hasta dónde llega y hasta dónde está dispuesto a combatir el oscurantismo de la jerarquía española.

¿Cuántos pederastas hay en la Iglesia española? ¿Cuántas víctimas?
Dos recientes investigaciones hablan de medio centenar de casos juzgados, pero la realidad es mucho mayor ya que muchos casos no son dado a conocer por la Iglesia o simplemente las víctimas (luego de ser desacreditados ya no quisieron seguir con las denuncias). Dado la magnitud de estas investigaciones la pregunta salta de madura: ¿Cuántos pederastas hay en la Iglesia española?. En una reciente investigación del Diario El País habla de 33 condenas y unos 50 casos instruidos. El último libro de Juan Ignacio Cortés, "Lobos con piel de pastor", estima una cifra similar. Sin embargo, estos sólo son la punta del iceberg.

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Sin contabilizar, los centenares de casos no denunciados, resueltos en privado o, simplemente, que no afectan a un religioso (como el recientísimo "caso Gaztelueta", colegio vinculado al Opus Dei). ¿Cuántas víctimas de la pederastia clerical hay en España? Nadie lo sabe. A diferencia de otros países, en el nuestro no ha habido una investigación global (ni independiente, ni controlado por la Administración o por la Iglesia), pero resulta impensable que en todos los países de nuestro entorno (hasta en Italia, donde se han desvelado al menos 300 casos) se den casos sistémicos... y en España no. ¿Cuál es la realidad?. Un interesantísimo informe publicado el domingo pasado en Diario El País documenta que en los últimos 30 se ha probado que 33 sacerdotes fueron condenados por abusar de unos 80 menores. Nada se dice de los casos instruidos, de los no denunciados, de los que concluyeron con un acuerdo "privado" del que no existe documentación pues, a diferencia de lo que sucede en EEUU, no hay registro de estas actuaciones.

En una entrevista de este mismo medio con el vicario judicial de Cartagena-Murcia, Gil José Sáez Martínez, se sostiene que "la Iglesia lleva un siglo tapando la pederastia". Y es que el auténtico problema no está tanto en la existencia de depredadores en el interior de la institución (los informes de organismos internacional, es cierto, afirman que el grueso de los abusos se dan en el entorno familiar), sino en el encubrimiento sistemático que se daba cuando alguna de las víctimas intentaba denunciar. "Todas las diócesis del mundo, cuando llegaba una denuncia cogían y decían: "Fulanito, te mandamos a tal sitio". Y en ese sitio seguía haciendo lo que hacía en el otro. Eso se hacía en toda la Iglesia universal durante el siglo XX, incluida España", declara, rotundo, Sáez. Para este experto, que ultima su tesis doctoral sobre este tema, en España "hay muchísimos más" casos de ese medio centenar publicados. Con todo, lo terrible es "el silencio y el encubrimiento de las víctimas que, además, ha sido un silencio impuesto, hace que esas personas estén gimiendo de dolor y que esas heridas que tienen jamás se les curen".

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Respecto a los protocolos aprobados por la Conferencia Episcopal en 2010, y admitido en 2015, después de que fueran publicadas en mitad de la tormenta por el "caso Romanones", el vicario admite que "cuando se colgaron en la web, algunos obispos españoles desconocían su existencia". Desde entonces, añade, "la Conferencia Episcopal no los ha modificado conforme a la Carta Circular de la Congregación de la Fe de 2011. Desde mi punto de vista, es un protocolo que deja a la víctima en un segundo lugar.No hay un equilibrio entre presunta víctima y presunto agresor".

domingo, 14 de octubre de 2018

El Papa Francisco expulsa del sacerdocio a dos obispos chilenos, condenados por abuso sexual

El día de ayer, sábado 13 de octubre, el Vaticano ha dado a conocer la expulsión del estado clerical de los ahora ex-obispos Francisco Cox y Marco Antonio Órdenes, obispos eméritos de la Serena e Iquique en Chile. La decisión ha sido tomada tras una investigación de Doctrina de la Fe, que no admite recurso de apelación.

                   
El Papa Francisco expulsa a dos obispos en Chile por casos de abuso sexual

La tolerancia cero ante los abusos no tiene vuelta atrás, y ya ni siquiera ser obispo sirve como atenuante. El Papa Francisco acaba de expulsar del sacerdocio a dos obispos chilenos, considerados culpables de delitos de abusos sexuales. Y los ha expulsado después de encontrarse con el presidente chileno, Sebastián Piñera, con quien se ha encontrado durante 32 minutos la mañana del sábado 13 de octubre. Los expulsados son los obispos eméritos de La Serena, Francisco Cox, de 85 años y de Iquique, Marco Antonio Órdenes Fernández, de 54 años. En una nota, la Santa Sede apunta que el Papa Francisco "ha dimitido del estado clerical" a Cox y Órdenes, la forma con la que se expulsa del sacerdocio, después de haber sido sometido a una investigación por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe y que no podrá ser recurrido.

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Luego de abrumadores pruebas el Papa decide la expulsión

"La decisión fue tomada por el Papa Francisco el 11 de octubre y no admite recurso", comunicó el Vaticano, que precisó que este sábado se le comunicó a los dos obispos eméritos. Estas dos expulsiones se unen a las de las últimas semanas de los sacerdotes Fernando Karadima Fariña y Cristián Precht. El ex-obispo Francisco Cox vive retirado desde 2002 en la localidad alemana de Vallendar, en una comunidad de los Padres Schoenstatt, a la que pertenece, y había sido acusado de abusos sexuales a menores en Chile y recientemente se supo de un nuevo caso en Alemania. En 2002 fue trasladado a un monasterio en Alemania para vivir una vida de "silencio, oración y penitencia" cuando empezaron a circular los primeras acusaciones a menores. 

En el caso de Marco Antonio Órdenes, Benedicto XVI ya había aceptado en 2012 la renuncia del obispo de Iquique presentada después de que se le acusara de abusos sexuales a un chico y se retirase a Perú para evadir las primeras investigaciones.  A principios de año, la Justicia chilena archivó el caso sobre la acusación de violación a un menor, lo que no parece haber sido tenido en cuenta por la Doctrina de la fe en su sentencia. Continúa así, como dijo el portavoz del Vaticano, Greg Burke, cuando se expulsó a Karadima, "la línea férrea del Papa Francisco ante los abusos".

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Los ex-obispo, expulsados por el Papa Francisco

Por otro lado, el Papa Francisco y el presidente de Chile, Sebastián Piñera, hablaron del aborto y de "la dolorosa herida de los abusos a menores, subrayando el compromiso de todos en la colaboración para combatir y prevenir la comisión de estos crímenes y su ocultamiento". Un compromiso que no queda muy claro por las acciones poco coherentes por ejemplo del mismo cardenal Ezzati que se negó a declarar en su citatorio como imputado y la misma decisión del Vaticano que ex-obispo Francisco Cox siga perteneciendo a la comunidad de los Padres Schoenstatt a pesar de ser expulsado del sacerdocio.

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Visita del Presidente de Chile al Papa Francisco

La iglesia chilena vuelve a pedir perdón tras la expulsión de dos obispos
Con esta expulsión del estado clerical ya van cuatro expulsiones que el Papa Francisco ha decretado y siete obispos chilenos han abandonado su cargo por decisión del pontífice. Lo que contraría un poco sobre esta decisión papal es que Francisco Cox siga perteneciendo a la comunidad de Schoenstatt, quienes han afirmado sentir "vergüenza por el daño ocasionado a las víctimas"

La Iglesia católica chilena volvió a pedir perdón tras conocerse la decisión del Papa Francisco de expulsar del sacerdocio a dos ex-obispos del país por su vinculación con casos de abusos sexuales, medida que vuelve a poner de relieve la crisis que vive la Iglesia. La decisión tomada por el pontífice se hizo pública la mañana del sábado 13 de octubre, después de haber sido sometidos ambos a una investigación por parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe que no podrá ser recurrida.

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Dura decisión del Papa Francisco???

La Conferencia Episcopal de Chile (CECh) respondió mediante un comunicado a la notificación, en el que pidieron nuevamente "perdón" a las "familias y comunidades" que "han sufrido el abuso y daño causado por los obispos". Dos de las víctimas de abuso sexual por parte del influyente cura chileno Fernando Karadima, expulsado del sacerdocio en las últimas semanas, también reaccionaron a la noticia con sendos mensajes en sus cuentas de Twitter. José Andrés Murillo indicó en una publicación que las expulsiones son "justas y necesarias" ya que, continuó, tanto Francisco Cox como Marco Antonio Órdenes son "dos obispos que buscaron el poder y lo utilizaron para abusar sexualmente de niños y personas vulnerables". Mientras que James Hamilton se preguntó, en un mensaje en la misma red social, cuándo la iglesia chilena contará con "obispos buenos" y no con "delincuentes, matones y encubridores".

Por su parte, tras conocerse que el Papa Francisco ha decretado la dimisión del estado clerical de Francisco Cox Huneeus, arzobispo emérito de La Serena, en una declaración el Instituto Secular Padres de Schoenstatt recibieron la noticia "con mucha vergüenza por el daño ocasionado a las víctimas. Solidarizamos con ellas y su profundo sufrimiento. Hoy más que nunca, deploramos todo acto de abuso que ofende la dignidad de las personas". En el texto, que firman el P. Juan Pablo Catoggio, Superior General, junto al P. Fernando Baeza, Superior Provincial, los Padres de Schoenstatt apoyan "irrestrictamente esta decisión en justicia y verdad, por el bien de toda la Iglesia".

Añade la nota que los abusos sexuales contra menores de edad denunciados en los últimos meses contra Francisco Cox, fueron investigados por la Congregación para la Doctrina de la Fe y llevaron a esta sanción. "Asimismo, ésta nos ha pedido expresamente que quede bajo el cuidado de nuestra Comunidad", precisa. Finalmente, reafirman su "firme disposición a colaborar con la justicia ordinaria en todo lo que sea pertinente y es por eso que pediremos una evaluación médica para determinar si es posible el retorno de Francisco José Cox a Chile".

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Los Padres de Schoenstatt evalúan situación de obispo expulsado

El Papa Francisco acepta la renuncia del cardenal Wuerl (implicado en el caso del ex-cardenal McCarrick)

El Arzobispo de Washington estaba en la cuerda floja desde que se dio a conocer el "Informe Pensilvania" y aconsejado por su clero había pedido hace casi un mes su dimisión al Papa Francisco. Se veía venir, y al final ha sucedido. Salpicado por el escándalo de abusos en Pensilvania, el cardenal Donald Wuerl presentó su renuncia al Papa Francisco, que este viernes pasado la ha aceptado.

El renunciante cardenal Wuerl junto al ex-cardenal McCarrick

"El santo padre Francisco aceptó la renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Washington (EE.UU.), presentada por el cardenal Donald W. Wuerl", reza el escueto comunicado de la Santa Sede. El purpurado estadounidense, que cumplirá 78 años en noviembre, sustituyó en 2006 al ya ex cardenal McCarrick en la diócesis de Washington. Tras la publicación del informe del Gran Jurado de Pensilvania, Wuerl viajó a Roma para encontrarse con Francisco y abordar su futuro. Todo esto sumado a las denuncias de Monseñor Viganó empeoro la situación del cardenal.

"Quiero discernir cuál es la mejor decisión que hay que tomar, mientras afrontamos nuevas revelaciones sobre el horror de los abusos clericales a menores, y el fracaso de los obispos al vigilar", apuntó en su día  el cardenal Wuerl. Tras la reunión, y a petición del Papa Francisco, el cardenal se encontró con el clero de su diócesis, quien mayoritariamente le pidió que diera un paso al lado. El 15 de septiembre, el cardenal Wuerl se postraba en el suelo de la catedral por las víctimas de los curas pedófilos en una misa penitencial en Washington, y allí anunció que volvería a pedir al Papa que aceptara su renuncia. Un mes después, ésta ha sido aceptada.

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Cardenal Wuerl y el Papa Francisco


El Papa Francisco, al Cardenal Donald Wuerl: "Estoy orgulloso y te agradezco tu nobleza"
El cardenal Donald Wuerl cree que su salida de la Arquidiócesis permite que "esta Iglesia local siga adelante", a pesar de todas las denuncias que tiene que afrontar y a pesar de toda esta circunstancia el cardenal Wuerl se mantendrá como administrador apostólico por deseo expreso del Papa Francisco. 

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Acepta la renuncia o sólo acomodo la situación

El Papa Francisco aceptó el viernes pasado la renuncia al gobierno pastoral de la arquidiócesis de Washington, en los Estados Unidos, presentada por el Cardenal Donald W. Wuerl. El purpurado ya había presentado su renuncia por primera vez hace unos tres años, a la edad de 75 años. En una carta enviada al purpurado, publicada en el sitio de la arquidiócesis, el Santo Padre reconoce en la petición de renunciar al cargo, "el corazón del pastor que, ampliando la mirada para reconocer un bien mayor que pueda beneficiar a la totalidad del cuerpo(cf. Evangelii gaudium, 235), favorece acciones que sostienen, estimulan y acrecientan la unidad y la misión de la Iglesia por encima de todo tipo de división estéril sembrada por el padre de la mentira, el cual, tratando de herir al pastor, no quiere otra cosa que la dispersión de las ovejas (cf. Mt 26, 31)".  "Tienes suficientes elementos, añade el Papa Francisco, para justificar tu acción y distinguir entre lo que significa encubrir crímenes o no ocuparse de los problemas, y cometer algún error. Sin embargo, tu nobleza te ha llevado a no usar esta vía de defensa. De esto estoy orgulloso y te agradezco. Así, evidencias la intención de poner en primer lugar el Proyecto de Dios con respecto a cualquier tipo de proyecto personal, incluyendo lo que podría ser considerado como un bien para la Iglesia. Tu renuncia es signo de disponibilidad y docilidad al Espíritu que sigue actuando en su Iglesia".

Al aceptar la renuncia, el Papa Francisco pide al cardenal Wuerl que permanezca "como Administrador Apostólico de la Arquidiócesis hasta el nombramiento" de su sucesor. Y concluye: "Querido hermano, hago mías las palabras del Sirácides: "Ustedes que temen al Señor, confíen en él: no perderán su recompensa" (2,8). Que la Santísima Virgen te proteja con su manto y la fuerza del Espíritu Santo te dé la gracia de saber de qué modo puedes seguir sirviéndolo en este tiempo nuevo que el Señor te dona".

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El cardenal Wuerl de arzobispo a Administrador de Washingtón

El cardenal Wuerl, en una declaración publicada en el sitio web de la arquidiócesis, afirma por su parte: "Nuestro Santo Padre, el Papa Francisco,aceptó la renuncia ofrecida por primera vez el 12 de noviembre de 2015,cuando cumplí 75 años. Estoy profundamente agradecido por su sincero compromiso con el bien de la Arquidiócesis de Washington y estoy también profundamente conmovido por sus amables palabras de comprensión. La decisión del Santo Padre de proporcionar un nuevo liderazgo a la Arquidiócesis, puede permitir que todos los fieles, clérigos, religiosos y laicos, se concentren en la sanación y el futuro. Permite que esta Iglesia local siga adelante. Una vez más, por eventuales errores de juicio en el pasado, pido disculpas y pido perdón. Mi renuncia es una forma de expresar mi gran y constante amor por ustedes, pueblo de la Iglesia de Washington".

jueves, 11 de octubre de 2018

Mons. Scicluna espera que la condena a los abusos tenga un lugar destacado en el documento final del Sínodo

El arzobispo de Malta, Monseñor Charles Scicluna, considerado uno de los mayores expertos vaticanos en la lucha contra la pederastía y enviado papal a investigar varios casos de abusos como fue el caso de Chile y otros países o congregaciones religiosas, aseguró hoy que la condena a los abusos sexuales tenga un buen lugar en el documento final del Sínodo de obispos que se desarrolla hasta el 28 de octubre sobre "Los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional". Monseñor Scicluna, encargado de la investigación en la Iglesia chilena que terminó con la renuncia en masa del obispado del país latinoamericano, resaltó el lunes pasado como "un momento muy importante el mea culpa expresado por el arzobispo Fischer", en referencia al pedido de perdón por los ataques sexuales de que lanzó la semana pasada el arzobispo de Sydney Anthony Colin Fisher.

Mons. Scicluna (centro) en la rueda de prensa durante el sínodo de los Jóvenes 

"Todos los grupos de trabajo del Sínodo tienen algo sobe el tema de los abusos, y tenemos que encontrar más espacio en el Documento Final que exprese esto", y comentó "la cuestión de los abusos ha estado presente ya desde la Instrumentum Laboris en el punto 66. Hay víctimas que son jóvenes, y se debe hablar también de sus heridas", expresó en un diálogo con la prensa en la sala stampa vaticana el lunes pasado en la rueda de prensa. En esa línea, si bien recordó que el Sínodo no se centra en los abusos como sí hará el congreso extraordinario convocado por el Papa Francisco para febrero próximo, aseveró que "es más que trágico... es tremendamente trágico que los que se tenían que ocupar de curarlos les hayan provocado esas heridas a los jóvenes que fueron víctimas del abuso".  "Tenemos que rendir cuentas no solo frente a Dios sino ante nuestra gente", enfatizó Monseñor Scicluna, retomando la necesidad de "accountability" planteada por el Vaticano como una de las respuestas a los obispos y sacerdotes abusadores. Consultado sobre cuáles son las respuestas que ha escuchado en los testimonios que recogió en los últimos tiempos en los países en los que entrevistó a víctimas, el arzobispo maltés aseguró que "el silencio y el llanto son la primera respuesta, y luego una gran sed y hambre de justicia".

"Prefiero llorar con ellos", aseveró Monseñor Scicluna.
El arzobispo Scicluna destacó en ese contexto la presencia de 30 padres sinodales, y aseveró que la sed de justicia no es incompatible con la misericordia. Porque la misericordia vacía, que no respeta la verdad, no sirve. Junto a Mons. Scicluna, uno de los participantes como auditores, el periodista Thomas Leoncini, aseveró que en el Sínodo la Iglesia "está buscando respuestas radicales, no se limita a la toma de conciencia. Y es algo que se ve en el Aula y en los círculos".

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Las palabras de Mons. Scicluna tendrá eco en el Sínodo de los Jóvenes  

"Todo esto gracias a quien es el más grande líder, el Papa Francisco, que entendió la gravedad de la situación de los jóvenes. Y se habla de jóvenes no solo católicos, se habla tanto de los ateos, de los que perdieron la esperanza, de los que necesitan una respuesta", precisó el periodista italiano. Antes, el presidente de la comisión de información sinodal y prefecto del dicasterio para la comunicación, Paolo Ruffini, había calificado como "muy bello" el clima entre los padres sinodales, y adelantó que en la sesión del martes por la tarde iniciará la discusión de la segunda de las tres partes del documento de trabajo.

El obispo auxiliar de Lyon abre la puerta del Sínodo a los LGBT: "¿Quién soy yo para excluirlos?"
Durante la realización del Sínodo de los Jóvenes el obispo auxiliar a manifestado la posibilidad de este tipo de reuniones para abordar esta temática dentro de la Iglesia. Pese a los intentos de los ultraconservadores, la realidad de los católicos LGBT sí se está haciendo presente en el Sínodo de los Jóvenes. Gracias a la honestidad de delegados como el obispo auxiliar de Lyon (Francia), Emmanuel Gobilliard, quien insiste desde Roma en que "todos" sin excepción "deben estar llamados a entrar en una relación" con Dios. "¿Quién soy yo para excluir a alguien de una relación con Jesús?", ha preguntado el prelado galo.

Mons. Emmanuel Gobilliard (centro) presente en la rueda de prensa del lunes pasado

El obispo auxiliar de Lyon hablaba de esta forma con el colectivo católico LGBT New Ways Ministry al margen de la rueda de prensa en la que participó sobre los trabajos del Sínodo. Preguntado por lo que la Iglesia puede hacer para reconstruir la confianza con los jóvenes LGBT y sus familiares y amigos (ofendidos tantas veces por la falta de sensibilidad para con ellos de clérigos y fieles) Gobilliard respondió: "Estamos tratando con un grupo que ya no nos escucha. Estamos entrando en un nuevo modelo pastoral que es el modelo de la relación interpersonal con la gente. Yo también soy parte de aquella gente que necesita ser salvada por Jesús. Soy un pobre como los demás... Tenemos que entrar en la lógica del encuentro pastoral con todos y cada uno que está llamado a la felicidad, y todos estamos llamados a la santidad. Cada grupo está llamado a la vida con Jesús, porque la santidad ayuda a los derechos humanos. Viene de Dios mismo".  Este tipo de actitudes no es nuevo dentro de las autoridades de la Iglesia, ya en el último Encuentro Mundial de las Familias (realizado en Irlanda donde el Papa Francisco tuvo una fría acogida debido a los casos de abusos denunciados) el dialogo con la comunidad LGBT estuvo muy presente, tanto así que tuvo un stand en el encuentro. 

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Mons. Emmanuel Gobilliard, obispo auxiliar de Lyon

El obispo Gobilliard también habló con New Ways Ministry sobre la "identidad" LGBT, una realidad que los elementos más retrogradas de la Iglesia siguen empeñados en negar. Elementos como el arzobispo de Filadelfia, Charles Chaput, quien en una intervención en el Sínodo proclamó que "no existe un LGBTQ, un 'transgénero' o un 'heterosexual' católico, como si nuestros apetitos sexuales definieran quiénes somos". "Yo me encuentro con niños y jóvenes que tienen esta o aquella identidad", señaló Gobilliard. "Yo también tengo identidades múltiples. Soy músico, artista, un obispo francés. Soy varón pero como persona soy atravesado por estas identidades múltiples. Soy un ser complejo y se me tiene que acoger como soy sin reducirme a sólo una de estas identidades... Todos somos parte de esta gente que el Señor quiere salvar". Preguntado también por si la Iglesia debe incorporar a su doctrina sobre la homosexualidad las conclusiones de la psicología moderna (de forma parecida a la que la encíclica de Francisco Laudato Si incorporó las conclusiones de la ciencia del clima) Monseñor Gobilliard respondió "¡Por supuesto!".

No es la primera vez que monseñor Gobilliard se pronuncia sobre estos temas de la afectividad humana incluso en el poco tiempo que llevamos de Sínodo hasta aquí. El primer día, utilizó su intervención para animar a los demás delegados: "¡No tengamos miedo de la sexualidad!". "Al empezarse este Sínodo", dijo el prelado, "es esencial que recordemos lo importante que es poder hablar libremente de la sexualidad, que nuestros jóvenes y seminaristas estén formados para que puedan formar...". "Demasiado a menudo, los jóvenes descubren la sexualidad a través del prisma de la pornografía o el silencio avergonzado de generaciones previas", lamentó monseñor Gobilliard, antes de que recalcar que "la sexualidad ya no es un tabú en la Iglesia, pero aún es difícil hablar de ello en términos fáciles".

La honestidad de monseñor Gobilliard no es la única señal de que el Sínodo puede marcar una apertura importante hacia la gente LGBT. Al estilo, quizás, de lo que propone el jesuita James Martin en su libro Tender un puente.  Pese a los intentos de delegados sinodales como Chaput, la realidad de la gente LGBT sí está presente en el Instrumentum laboris del Sínodo(197), que reconoce que "algunos jóvenes LGBT... desean beneficiarse de una mayor cercanía y experimentar un mayor cuidado por parte de la Iglesia". Y el Círculo "B" de los delegados de habla inglesa, por ejemplo, ha sido fiel a este mandato, al recordar este martes que "hay muchas otras formas de familia más allá de la familia nuclear y la familia extendida", preguntándose a la vez: "El liderazgo en la Iglesia, ¿requiere a los obispos y sacerdotes que proclamen la verdad del Evangelio negando que éstas son familias?".

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El Sínodo se mantendrá firme en la recta doctrina de la fe????

El presidente chileno acusa a la Iglesia de "ocultar y relativizar" casos de pederastia

Sebastián Piñera, ha iniciado la semana pasado su gira por Europa y quien tiene programado el próximo sábado un encuentro con el Papa Francisco en el Vaticano, muchos de los analistas piensan que trataran el caso de la crisis de abusos sexuales que se dan dentro de la Iglesia Chilena pero sobretodo la actitud de las autoridades eclesiásticas que poco bien hacen,  en su momento el presidente chileno ha manifestado que esta situación de debe a "mal entendida lealtad" a la institución eclesiástica y reafirma que "en algunos casos lo ocultó, en otros lo relativizó y eso terminó haciendo que la crisis fuera mucho más grave".

El presidente chileno con el cuestionado cardenal Ezzati

El presidente de Chile, Sebastián Piñera, ha acusado el lunes pasado a la Iglesia Católica de ocultar casos de pederastia y abusos sexuales y ha afirmado que el clero ocultó y quitó importancia a algunos de las agresiones cometidas, según ha informado la cadena Telesur. "En algunos casos lo ocultó, en otros lo relativizó y eso terminó haciendo que la crisis fuera mucho más grave, mucho más profunda y mucho más dañina para la Iglesia Católica que si se hubiera enfrentado a ello con mayor coraje y verdad", ha aseverado tras visitar al Papa Francisco la semana pasada en el Vaticano.

Asimismo, ha indicado que la crisis que afecta a la Iglesia en todo el mundo puede estar causada por una "malentendida solidaridad o lealtad, en lugar de haber enfrentado esto con toda la fuerza y decisión". Este fin de semana el Pontífice afirmó que el silencio sobre estos crímenes en el mundo "ya no puede ser tolerado". El clero en Chile forma parte de un grupo de obispos acusados de estar vinculados con abusos sexuales a menores, lo que ha supuesto la apertura de una de las más polémicas investigaciones en relación con la Iglesia católica. Hasta el momento, hay 119 causas en curso y 178 víctimas registradas, 79 de ellas menores de edad.

En varias ocasiones el presidente chileno ha manifestado su crítica a la conducta de la Iglesia

Este mismo lunes pasado, el ex-obispo chileno Francisco Javier Cox, que vive en Alemania desde 2002, ha indicado que no son problema suyo las acusaciones de abuso sexual en su contra en Chile y Alemania, una de las cuales al menos está siendo investigada por el Vaticano. "Eso no es problema mío en estos momentos", ha afirmado Cox al ser consultado por las acusaciones en su contra por supuestos casos de abusos, en un reportaje emitido el domingo pasado por el canal estatal Televisión Nacional de Chile (TVN). Francisco Cox renunció como arzobispo de La Serena, 480 kilómetros al norte de Santiago de Chile, en 1997 "ante comentarios de diversa índole sobre el comportamiento inadecuado con jóvenes", según un comunicado del superior provincial de los Padres de Schoensttat en Chile, padre Fernando Baeza, publicado la semana pasada.

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Ex-obispo Francisco Javier Cox, investigado hoy por el Vaticano

Monseñor Chomali: "El Papa no ha encontrado al candidato apropiado para Santiago, lo está buscando"
El arzobispo de Concepción asegura que el Papa Francisco "está decidido a terminar con los abusos. Será un legado en su ministerio", también ha comentado sobre las expulsiones de los ex-sacerdotes Christian Precht y Fernando Karadima: "más vale tarde que nunca... un signo de justicia muy grande"; pero para muchos justicia que tarda no es justicia, parece que eso no lo toma en cuenta el arzobispo. 

Monseñor Fernando Chomali y el Papa Francisco

"El Papa no ha encontrado al candidato apropiado" para reemplazar al cardenal Ricardo Ezzati como arzobispo de Santiago de Chile, pero "lo está buscando". Esa es la admisión que ha hecho monseñor Fernando Chomali, arzobispo de Concepción, quien también ha revelado que "hay un dolor muy grande en lo que pasa en la Iglesia" con los abusos sexuales de menores. "Este tema ha sido muy desilusionante, muy triste, doloroso, pero el Papa está decidido a terminar con el problema. Será un legado importante en su ministerio", ha declarado Monseñor Chomali. "Yo no voy a ser", se ha sincerado el arzobispo de Concepción este lunes pasado en conversación con periodistas acerca de quién tomará las riendas de la Iglesia de la capital cuando se retire el cardenal Ezzati, señalado por víctimas como cómplice de sacerdotes pederastas y fuertemente criticado por publicar lo que Monseñor Chomali ha calificado como un "desastre" de manual en el que recomendaba a los sacerdotes "evitar" acostarse con menores.

"Por tercera vez le presenté mi renuncia y él no la aceptó", continuó Monseñor Chomali, a propósito de la reciente conversación con el Papa Francisco, la cual calificó de "profunda y sincera". "Si el Papa Francisco o la Congregación de los Obispos me preguntara si yo quiero ser arzobispo de Santiago la respuesta es no", explicó el prelado. "Formalmente, le pedí al Papa un trabajo sencillo y él me dijo que siguiera acá". "Le dije (al Papa) que tuviera la absoluta libertad para decidir y nombrar nuevos obispos y administradores apostólicos", profundizó el pastor de Concepción. "Le reiteré, con mucha sinceridad y muy de corazón, que estaba disponible. El Papa insistió en que me quedara, que rompiera la inercia y siguiera fortaleciendo las múltiples obras sociales que tenemos en Concepción".

En la rueda de prensa, el arzobispo Chomali se ha referido en términos concretos a la "crisis profunda" de abusos y también vocaciones por la que está atravesando "la Iglesia en Europa, EE.UU. y América Latina". Una crisis que se ha sentido de forma muy fuerte en la misma Iglesia chilena, donde el Papa Francisco ha expulsado del sacerdocio a los curas pederastas Cristián Precht y Fernando Karadima. Un gesto que Monseñor Chomali ha valorado como "un signo de justicia muy grande hacia las víctimas", si bien ha llegado "tarde". "Más vale tarde que nunca, creo que fue bien acogido por toda la sociedad chilena", ha opinado el arzobispo respecto a estas destituciones.

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Mons. Fernando Chomali no aceptaría el cargo de arzobispo de Santiago

Por último, Monseñor Chomali ha abordado con periodistas las últimas denuncias de curas pederastas en su propia diócesis de Concepción. "Esas dos denuncias estaban cerradas civilmente y canónicamente, y las hemos vuelto a abrir, porque las personas no se sintieron conformes", ha comentado el religioso. "Son denuncias recientes, de hechos muy antiguos, y estamos empezando el proceso".

Los salesianos chilenos envía a Roma y a la Fiscalía los antecedentes de tres curas denunciados por pederastia

La Congregación de los Salesianos en Chile ha enviado los antecedentes, tanto al Vaticano como a la Fiscalía del país, de tres sacerdotes de...